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Políticas energéticas. Intereses enfrentados

31 de agosto de 2017

Cualquier país, desarrollado o no, tiene que gestionar el hoy y el mañana de su política energética.

Ocurre que esta política, en tanto se juega a nivel nacional y no sólo mundial, tiene que “gestionar” simultáneamente muy distintos intereses, siempre parciales o de parte (particulares), y en múltiples ocasiones (generalmente siempre) enfrentados. ¿Cuáles son estos intereses?

  • En primer lugar, tiene que asegurar a sus ciudadanos unas aportaciones de energía diaria para cubrir las necesidades cotidianas. Es decir, tiene que asegurar unos mínimos de energía que se conviertan en la electricidad de la lavadora y en la gasolina del automóvil. Si no los obtiene por medios propios, los tendrá que importar, con el consiguiente aumento de gasto.
  • Tiene que asegurar que su industria siga siendo competitiva respecto al exterior, para lo cual el gobierno de turno tendrá que ofrecer una energía que no sea excesivamente costosa, lo que impediría la competitividad.
  • En la medida en que está comprometida en acuerdos internacionales medioambientales, tendrá que tratar de reducir los niveles de contaminantes atmosféricos, fundamentalmente los famosos GEI. Y de esto derivará en gran medida las políticas que se refieren al carbón (en el caso particular de que el país tenga minas de este tipo; tal ocurre en Alemania y en España).

Ocurre que la política energética de este país (Alemania) se convirtió en el mascarón de proa de todos los posicionamientos e ilusiones, ecologistas “verdes” y medioambientales. La actual negativa de los estadounidenses a la firma de los acuerdos de Kioto respecto al cambio climático y calentamiento global, han puesto de nuevo sobre la mesa la enorme importancia de la política energética mundial.

¿Debe Europa seguir manteniendo sus programas de renovables, mientras los estadounidenses afirman abiertamente (entendemos que para proteger a su industria) no respetar los acuerdos de Kioto? ¿Debe Europa seguir respetando la idea de una energía no contaminante, mientras su industria tiene que competir con otra que no la respeta?

Indudablemente “todos” estaríamos de acuerdo en que hay que reducir los niveles de CO2. Todos respiramos y a todos nos afectan las riadas. Pero ¿cómo conseguir ese objetivo y asegurarlo en ese abigarrado “campo de fuerzas vectoriales” que son los distintos intereses en juego? Intereses vitales y sobre la salud, de necesidades diarias, intereses medioambientales, intereses comerciales, económicos, gubernamentales, de competencia inter países, etc.

Por otra parte, ¿Qué pasa con las nucleares? Pues pasa lo mismo que con las fuentes fósiles, que tienen grandes ventajas y grandes inconvenientes.

De todos es sabido que Angela Merckel decidió, tras el accidente de Fukusima en Japón, ir disminuyendo hasta cerrar las distintas plantas nucleares del país. Fue uno de los grandes argumentos que convirtieron a este país en el punto de mira de los demás países (fundamentalmente los europeos) en política energética.

Y es por todo ello que la política energética alemana va a decidir cuál va a ser el futuro de la política energética europea. La importancia, posicionamiento y volumen económico de este país determinará, junto a las políticas ya emprendidas, cuáles serán los caminos que recorreremos los ciudadanos europeos en un futuro más o menos cercano.

Dicho de otra forma: resultará crucial para la viabilidad del proyecto “verde” europeo (energiewende: transición o revolución energética), la decisión que tome este país, respecto a la composición de su mix futuro.

Pero los europeos no estamos solos.

De fiasco y de falta de aliento es calificada la política energética alemana por la prensa norteamericana. Es evidente que los estadounidenses tienen sus propias ideas. Elegimos uno de los titulares que nutren el artículo:

“Favoreciendo la energía solar, Berlín estaría escogiendo la fuente energética que más exacerba los problemas de la transformación energética. Es la más cara”

Este muy actual debate atlántico ha reabierto el papel a jugar por unas importantes minas de lignito (contaminante carbón pardo) del Nord Rhein Westphalen Al respecto, la Consejería de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente de la Embajada de España en Alemania, emitió el siguiente comunicado

“En Noviembre de 2015, el Gobierno alemán acordó la denominada “reserva a favor del clima”. Ocho centrales productoras de electricidad por combustión de lignito se mantendrán durante una fase transitoria de cuatro años como unidades de producción “en reserva de seguridad” (para garantizar el suministro de electricidad) hasta su desconexión definitiva de la red en 2020.

El acuerdo prevé que, entre 2016 y 2019, las tres empresas RWE, Vattenfall y Mi-brag vayan desconectando de la red, gradualmente, varias centrales ubicadas en las regiones de producción de lignito de Renania y del Este de Alemania, con una capacidad de 2,7 gigavatios. Está previsto que la “reserva de lignito” contribuya con entre 11 y 12,5 millones de toneladas a la reducción de las emisiones de CO2.

De acuerdo con el Ministerio Federal de Economía, las eléctricas (RWE, Vattenfall y Mibrag) recibirán como compensación para aplicar el “casi-cierre” de sus plantas unos 230 millones de euros durante siete años, es decir en total unos 1.610 millones de Euros con la consiguiente subida del coste del kilovatio/hora en 0,05 céntimos.

El Gobierno Federal celebra el acuerdo con las eléctricas como contribución importante al cumplimiento de los objetivos climáticos”.

Tres son, hoy,  los pilares-fuentes del mix teutón:

  1. Carbón
  2. Nucleares
  3. Renovables

Mix energético alemán 2006

Fuente: Elaboración propia con datos de Destatis Statistischen Bundesamtes.

A raíz de los compromisos adquiridos desde el año 1.997, Alemania:

  • Ha reducido el consumo de carbón y de nucleares.
    El papel del carbón se ha ido modificando a la baja, aunque aún juega un importante papel en la composición del mix (un 40% en 2016).
    En 2013, el 45% de la producción eléctrica alemana se generó quemando este combustible, alcanzado el nivel más alto desde 2007, y las emisiones de CO2, que se habían reducido un 27% entre 1990 y 2011, volvieron a aumentar.
    La aportación de las nucleares decrece desde un 28% en 1990 a un 13% en 2016.
    La decisión de cancelar las centrales nucleares al año 2022 explica gran parte de la reactivación del consumo de carbón.
  • Ha aumentado el consumo de renovables.
    La aportación de las renovables crece desde un 4% en 1990 a un 29,5% en 2016. Esta nación europea es la tercera potencia mundial en energías renovables (excluida la hidroelectricidad), con la tercera posición en eolo-energía (viento) y biodiesel y la quinta en geotermia.

    Además, se ha hecho famosa, por tener la mayor capacidad por habitante en energía solar fotovoltaica.
    Pero es este alto nivel de consumo carbonífero (en sus dos versiones: pardo-lignito y duro), un 40% del mix en 2016, el dato que tendrá que gestionar la Energiewende en un campo erizado de espinas.

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